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lunes, 3 de octubre de 2011

Thamel, el gueto del viajero.


Antes o después todo el mundo que viene a kathmandú pasa por Thamel, donde hay de todo y todo se puede conseguir.
Nada más cruzar una calle todo se transforma sin perder la esencia de lo nepalí: los mercados callejeros, puestos de frutas y “samozas” dan paso a un montón de restaurantes de comida occidental, tiendas de montaña de calidad nepalí, cyber, supermercados, gh, lavanderías, agencias de viajes y de trek, cajeros automáticos, pubs con música en directo y de todo lo que uno pueda imaginar, donde hay que regatear por todo. Por aquí las calles están igual de destrozadas y los coches y las motos siguen pitando. Son solo media docena de calles que constituyen todo un gueto. Cómo ha cambiado lo que en los setenta sólo era un pequeño lugar para hippies atrevidos.


Después de un trek en el país de la montaña todo el mundo viene a Thamel para celebrarlo en uno de sus bares con una Everest beer, que por cierto aquí son mucho más caras que en China, y pegarse la última fiesta, que muchas veces se va de las manos, como si aquí el extranjero tuviera licencia para todo.


Hachís, hachís, hachís , marihuana, polen, smoke, hachís, smoke, smoke, smoke, mas de 30 veces en menos de doscientos metros, eso es que tiene que haber demanda.
Mañana volvemos al sur de China. Aterrizaremos en Kunming para pasar por los alrededores otros diez días, y luego cruzar otra frontera más, esta vez la de Laos. Después de pasar cuatros días mas en kathmandú como en casa, en una ciudad que ya conocemos bastante bien, la sensación es de dar un paso atrás en el camino, para coger carrerilla y tomar impulso hacia el sureste asiático, ahora que se cumple casi el ecuador de nuestro viaje.

sábado, 1 de octubre de 2011

Langtang Valley

Para hacer un trek en Nepal los meses buenos son sep-octu y abr-may, donde ya ha pasado el Monzón, los cielos son más claro y las montañas se pueden ver en todo su esplendor. Esta es la norma general, pero este año la cosa no es así, el Monzón se ha retrasado y nos ha dado con su último coletazo en toda la cara.
El valle de Langtang se sitúa al norte de kathmandú, a unos interminables 80 km, cerca de la frontera con China, con uno de los accesos más peligrosos  y que el Monzón se ha ocupado de que siga siendo así.
Al final se han apuntado Cintia y Bart y es que con la tontería vamos a hacer más de 20 días juntos.
El primer día nos lleva entero de camino, mas de 12 horas para esos 80 km. Autobús local hasta Ramche.


                  


 Desde aquí nos vemos obligados a andar un par de km porque la carretera está machacada. Cogemos un camión, otra media hora (un poco apretados). Otro par de km andando por una pista aún peor y otro autobús que nos deja a más de media hora de Siabrubesi, porque hay desprendimientos en la carretera y no puede pasar. Es noche cerrada y está lloviendo fuerte, así que con paso ligero y con los pies bien empapados después de   intentar cruzar un río que pasa por la carretera, llegamos al pueblo donde al día siguiente empezaremos el trek.






Amanece nublado, no llueve y empezamos pronto a andar. Hasta llegar a lo alto del valle son unos tres días, superando más de 2.500 m de desnivel. Pronto se estropea el tiempo y empieza a llover. El valle cerrado remonta el río Langtang por un espeso bosque que hace de paraguas y evita que nos mojemos demasiado. De vez en cuando el tiempo da alguna tregua y hace la ascensión más llevadera. Por el camino distintas “plantas aromáticas”  nos deleitan con sus olores.






Después de siete horas de pateo y mil metros de desnivel llegamos al lodge donde pasaremos la primera noche. Hoy se ha podido ver poco, las nubes bajas han cortado mucho la visión, y no hemos visto mucho más que el suelo para intentar no resbalar.






El segundo día de caminata en la tónica del primero, un poco mejor  a primera hora  y según va pasando el día el tiempo va empeorando mas y mas. Hoy Bart esta pachucho, ha comido algo en Siabrubesi que no le ha sentado bien y la ascensión se hace más lenta.



Aparecen las primeras sanguijuelas que nos acompañan chupando un poco de sangre hasta que nos damos cuenta, pero con un poco de sal problema resuelto.



Después de otros mil metros de desnivel remontando el rio, llegamos al pueblo de Langtang bajo una intensa lluvia. Langtang está enclavado en lo alto del valle rodeado de montañas de más de 6.000 m, que aún no hemos podido ver por el mal tiempo.
En todo el valle no hay acceso rodado, la única forma de que lleguen aquí víveres y utensilios es mediante porteadores que realizan el mismo camino cargados como mulas y que hacen que según se va ascendiendo todo sea más caro.






Cae la noche y llueve más y más.
Por la mañana es imposible ponerse en marcha, mucho viento, jarrea más que nunca y el camino es impracticable.
En el lodge de Langtang nos acompañan, aparte de Bart y Cintia, una pareja de franceses, otra de ingleses dos americanas, un belga y una australiana, con los que nos hemos ido encontrando a lo largo del camino en muchas ocasiones, y con los que pasamos este día de espera como podemos a la vera de la estufa de leña que la familia tiene en el comedor, esperando a que el tiempo mejore.



Según va pasando el día, van llegando porteadores empapados que traen noticias: por arriba un río se ha desbordado y ha arrasado un puente que salvaba el río y por abajo ha habido algunas avalanchas de tierra que han caído encima del camino, así que ahí estamos todos con los mapas en mano intentando buscar inútilmente algunas opciones para el día siguiente.




Con la noche ya encima empieza a parar de llover y se abren los primeros claros que dejan ver algunas estrellas. A ver cómo amanece mañana!
Amanece totalmente despejado. Después de la tempestad, la calma. A las 7 ya estamos en marcha. Comenzamos el camino todos juntos por el peligro de avalancha y cuantos más seamos más ayuda en caso de algún imprevisto. Las vistas son increíbles un montón de montañas de más de 7.000 m con sus glaciares y sus cimas completamente nevadas van apareciendo según vamos avanzando y salvando los 500 m de desnivel que nos quedan hasta Gompa, el destino final. Hoy tan solo andaremos tres horas, el camino no está tan mal y el nivel de los ríos ha bajado bastante y logramos cruzarlos sin demasiada dificultad. El ánimo es otro, con sol todo es distinto y ahora estamos disfrutando de verdad.









Llegamos pronto a Gompa, pequeña población en un valle de altura con montañas y glaciares realmente cerca. Difícil imaginar la vida en estos sitios en pleno invierno.
Día tranquilo, disfrutando del sol con un café en la terraza y algún corto paseo por los alrededores con todo el grupo.
Hemos hecho equipo con los acompañantes del trek y los que antes eran americanos, franceses, ingleses y belga, ahora son Janet y Eiline, Claire y Sylvain, kody y Hayley, y Kimm.
El tiempo nos ha robado un día en este paraje y mañana emprenderemos la bajada.









Al día siguiente amanece igual de bueno, parece que el tiempo está cambiando definitivamente y que el Monzón por fin ha pasado. Apuramos las últimas vistas de las montañas y emprendemos la bajada, mas de 1.600 m hasta donde dormimos la primera noche con la preocupación de cómo estará el camino.







Llegamos pronto, la senda está igual que nos la encontramos días atrás con algún pequeño desprendimiento si mucha importancia. La bajada ha sido muy pronunciada y las rodillas duelen un poco. Las vistas son nuevas y lo que los primeros días era nada más que suelo hoy se ha convertido en bonitas vistas del valle y un precioso bosque sombrío.
Desde abajo van llegando nuevos viajeros que informan del estado del camino y de la carretera, y las noticias no son buenas, el camino de vuelta no está bien y la carretera en su parte alta impracticable, pero si han llegado hasta aquí seguro que también podremos bajar.
Así que otra vez todos los mapas fuera y a volver a barajar opciones, que siguen siendo pocas ya que sólo hay una alternativa y esta supone volver a ascender casi 2.000m y tardar tres días mas de lo previsto en llegar a kathmandú.









A primera hora de la mañana las noticias vuelven a cambiar y los primeros porteadores que suben, cuentan que el camino está mejor, tres días sin llover han hecho que la tierra se asiente, pero habrá que bajar con ojo.
Hoy también hace bueno, y podremos ver esta parte que el primer día nos perdimos. Otros mil metros para abajo, también todos juntos. La gente más o menos ha ido cambiando sus planes para no separarnos y hacer piña. Nosotros también. Desestimamos  visitar una zona por no quedarnos solos y así también podremos llegar a kathmandú un día antes y poder secar ropa que tenemos completamente calada.
La bajada es lenta, con cuidado cruzamos las zonas de avalanchas que en realidad parecen bastante estables, y llegamos de nuevo a Siabrubesi también hoy pronto.



La carretera hasta aquí sigue cortada así que mañana tendremos que coger el bus a 45’ del pueblo en una dura subida.
A las 5:30 a.m. todo el mundo desayunando por que el bus sale a las 7. La caminata que era de 45’ no es tal, la carretera está aún peor y el autobús no ha podido llegar tan abajo,  y se han convertido en casi dos horas. Llegamos tarde a eso de las 8, pero ahí está el autobús cambiando una rueda destrozada por otra en un estado no mucho mejor, con el techo abarrotado de nepalís.






 Por delante  casi otras 12 h de viaje con la carretera en no sabemos qué estado. El trayecto hasta Dunche a tan solo 6 km es realmente peligroso, el autobús va hasta los topes y no para de recoger lugareños en todas las curvas. La carretera está realmente mal y no hay  muchas ganas de sufrir. En Dunche el bus hace una larga parada para arreglar la rueda y aquí en primera estancia nos separamos del grupo. Decidimos adelantarnos al bus y echamos a andar mochilas en mano, para intentar ir ganando terreno y pasar a pie las zonas más complicadas.



Después de dos horas andando, llegamos a la vez que el bus, que esta vez viene aún con más gente (hoy solo hay un autobús a kathmandú), a una zona de parada obligatoria, ya que por aquí es imposible que pase con gente en su interior. Nos reencontramos de nuevo con el grupo. Lo han pasado mal, momentos de pánico en los que más de una vez casi vuelcan y se han visto todos obligados a bajarse más de tres veces para pasar esas zonas. Así que ya estamos casi todos otra vez juntos. Tras pasar una zona destrozada de la carretera todos los nepalís vuelven al bus y los guiris seguimos a pata, tenemos muchas cosas importantes como para dejarlas tiradas en una cuneta en Nepal. Los ingleses más valientes o más inconscientes continúan viaje con el autobús, ya nos veremos en Kathmandú, o no.
Tres horas más andando nos llevan, por fin, hasta la zona donde los autobuses que vienen de Kathmandú se dan la vuelta por la imposibilidad de pasar. Son más de las tres y aún nos quedan más de 60 km unas 5 horas de viaje, buena media. El grupo se ha reducido hasta 7. Intentamos coger otro autobús pero estos nos piden más del triple del precio por un billete que ya habíamos pagado, así que por consenso y orgullo continuamos bajando intentando conseguir algún transporte hasta la ciudad. Pasada una media hora aparece el bus que cogimos a primera hora de la mañana, que vimos con anterioridad atascado en una zona realmente complicada. Parece imposible que haya logrado atravesarla, de hecho es el único vehículo que la ha pasado, así que ahora sí, con la carretera en perfecto estado nos subimos de nuevo a nuestro bus y a eso de las 8 estamos en kathmandú.
Ha sido un trek complicado, que nos ha dejado  buenos recuerdos y experiencias. Esa misma noche, hartos de comer tanta patata, pasta y chowmein en el trek, quedamos, lo que queda del equipo, para celebrarlo, con unas cervezas y una enorme "hamburger" en Thamel, el gueto del viajero.







jueves, 22 de septiembre de 2011

En cada esquina un templo


Ciudad caótica, mas aún si la comparamos con cualquiera de las ciudades chinas, pero más autentica, al estilo de las indias y las del sudeste asiático, donde la vida trascurre en la calle y los coches y las miles de motos pitan, pitan y pitan.
Kathmandu, su valle, (con sus ciudades auténticas como Patan y Bhaktapur con sus impresionantes Durbas square), y sus mil templos. En cada esquina uno, enormes, más grandes, más pequeños, en patios, en mercados, a la entrada de las viviendas, en pequeñas plazas, enredados en las raíces de los árboles, en los pozos de agua, en callejones, personalizados, donde los niños juegan, los mayores descansan, algunos rezan, otros piden, pero siempre respetan, integrados perfectamente en el ritmo de esta caótica ciudad.


                 

              


                                                                                             



El hinduismo aquí le va ganando terreno al budismo, y Shiva, Ganesha y Parvati se dejan ver entre Oms y Mandalas.






Mientras vamos preparando el permiso para el treking, un poco de “laundry” y con más calma, vamos recorriendo sitios que suenan de un año atrás, repetimos restaurantes, fotos, recorridos, callejones, pequeños locales de Chai y donunts que una vez nos enseñaron Juancho y Ro, alguna tienda de montaña donde nos recuerdan y algunas cerveza en el Reague Bar en su azotea con música en directo acompañados de Cinthia y Bart, con los que posiblemente haremos el treking.
Ha habido un par de bajas desde España, con los que nos íbamos a encontrar aquí, con ellos y con  “pueblo” pero no ha podido ser, así que recupérate pronto. Igual cuando vengamos del treking están por aquí.





Esto no es China


Para bien y para mal, esto no es China.
Estamos pronto en el paso fronterizo, a eso de las 8, pero este no se abre hasta las 10 y ya hay cola, bien organizada por cierto. Turistas, chinos, indios y algún nepalí esperan a que se abra la frontera para cruzar al otro lado.




Por fin son las 10, poco a poco vamos  avanzando, sellamos nuestros pasaportes (adiós China), salimos de la aduana, cruzamos un puente tierra de nadie, ya estamos en Nepal y se acabó.

                

 Se acabó el control policial, la censura, las manadas de turistas chinos, ese altísimo tono de voz tan molesto, esas brutales ciudades con sus grandes centros comerciales. Pero también se acabó:
- el orden y la eficiencia; en el lado nepalí, el control de entrada y la obtención del visado es caótico.
- el transporte público en condiciones; después de un duro regateo  hemos podido conseguir el mejor transporte posible: dos asientos  enfrentados en la parte trasera de un pequeño jeep que nos lleve a Kathmandu.

                 
                

                

- el asfalto; la magnífica carretera por la que bajabamos ayer se ha convertido por tramos en una pista, embarrada, llena de baches, donde todo el agua que cae por la montaña y que también estaba canalizada en el lado chino, se desploma  sobre la propia pista formando enormes charcos.
y algunas cosas más, que  quizás estábamos esperando que acabaran, pero empiezan otras muchas que a lo mejor son las que estamos buscando.
Con tan solo cruzar un puente, cuántas cosas cambian. Los rasgos de la gente para nada son chinos, ni siquiera tibetanos, aquí tiran mas para lo hindú. A un lado del puente Nepal, Asia y al otro lado el hermano mayor, China
Está claro que China no es Asia, no se parece a ningún país de su alrededor. China es China.