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domingo, 6 de noviembre de 2011

Otro adios


Esta gente está dotada de un don, la paciencia. No dejan de sorprendernos. Cosas que en Europa serian impensables aquí son de lo más normal, nadie alza la voz, ni monta un pollo por nada.
Cogimos un bus nocturno (que no sleeping bus), dirección de nuevo al norte desde Vientiane, para cruzar la frontera con Tailandia por un nuevo paso abierto a los extranjeros en el 2008. El bus nos dejaría en Luang Prabang a eso de las 6 de la mañana, con tiempo suficiente para coger el bote de las 9 que remontaría el Mekong a lo largo de 7 horas hasta una pequeña aldea llamada Tasuang y de ahí en tuck tuck a Hongsa nuestra última parada en Laos. A eso de las 1 de la mañana reventón de rueda, mas de una hora en cambiarla y un poco más adelante el bus se para. Nadie explica nada y nadie pregunta. La mayoría continúan durmiendo y nosotros también. Amanece a eso de las 5:30 y ahí seguimos parados, nadie explica y nadie pregunta. A las 6 alguien pregunta (nosotros) y alguien responde pero solo porque le preguntamos. Estamos esperando otro autobús desde Vientiane porque este se ha jodido, nadie pregunta, nadie protesta, solo esperan.



A las 7 continuamos camino en el “nuevo” bus, el ánimo de la gente es el mismo que la noche anterior cuando nos montamos, nadie está enfadado, nadie protesta, nadie dice nada, y a eso de las 4 pm llegamos a Luang Prabang con 10 horas de retraso. Nadie reclama, nadie pide explicaciones, tampoco nadie las iba a dar, solo se bajan del bus y cada uno a lo suyo. Total, que perdemos el bote, y estamos obligados a pasar una noche en Luang Prabang, pero como estamos contagiados por esta “mierda” de Paz Laosiana nos parece hasta bien y casi hasta le damos las gracias al del autobús. Otra cena en el night market, ese de los platos hasta reventar, en una ciudad que ahora nos parece más atractiva  que la primera vez que estuvimos.












Al día siguiente cogemos el bote y tras nueve horas y no 7 como ponía en la taquilla (de verdad parece que aquí el tiempo no importa) y otro par de horas en el tuck tuck, llegamos a Hongsa con la noche ya encima.



Hemos caído en una Gh simpática, de una alemana, Monika de 60 años que se ha venido para acá y ha montado la única Gh para mochileros en el pueblo. Aquí preparan la cena los huéspedes, platos típicos de sus países, hoy de cena de primero plato alemán, de segundo plato español y de postre plato austriaco, así que nos ha tocado currarnos  un poquito una de esas tortillas de patata, y ya llevamos unas cuantas.

                      


            

Hemos pasado un par de días, en este tranquilo lugar apurando la fecha del visado.



Desde aquí a Tailandia; otro país, otra moneda, otros precios, otro lenguaje, con el gusanillo de atravesar otra frontera. Nos despedimos del país de los elefantes, aunque en realidad nosotros no hemos visto ninguno, bueno alguno sí, pero a lo mejor no cuenta.


                         


martes, 1 de noviembre de 2011

El Loop de Thakhek


4 días en una korma 100cc nº 5, 35.000 en el cuentakilómetros, 4 velocidades, depósito de 2,5 l, autonomía de 140 km y una velocidad punta de 85 km/h, la verdad es que no se ha portado mal.



El Loop consiste en un recorrido circular de más de 500 km, por zonas poco transitadas, con pocas infraestructuras y cerca de la frontera con Vietnam, en el que las carreteras dan paso a pistas súper empedradas, en las que hacer 60 km lleva más de 4 horas y el culo se te hace añicos, pero con el atractivo de que aquí el turismo no llega en masa, y la gente es, si cabe, más hospitalaria y los niños corren detrás de la moto entre risas y “Sa bai dee, Sa bai dee”.


Una de estas noches hemos sido alguno más en la cama, pero muy amablemente antes de irse nos ha dejado un recuerdo.


Las gasolineras, bidones con simples mangueras en los mejores casos y en otras botellas de litro en las puertas de las casas.






El paisaje, muy bonito, lagos, montañas, mas cuevas, algunas incluso con lagos dentro donde darse un chapuzón.





Curioso el pueblo de Tha bak con sus barcos bomba, ejemplo de reciclaje. Pues resulta que los yanquis en todo un alarde de generosidad soltaron un montón de bonitas bombas por esta zona que no llegaron a explotar, para que la gente las transformara en barcas y ayudarles así en sus labores de pesca y desplazamientos por el rio, que majetes.

             

 

Y como colofón el tercer día del Loop llegamos a Konglor y su cueva.
Konglor es un pequeño pueblo situado en un valle entre montañas y arrozales, a las puertas de su impresionante cueva, por la que transcurre el rio Nam Him Bun, serpenteando en su interior en un recorrido de 7,5 km, grandes salas de más de 100 m de altura y bonitas formaciones geológicas. La cueva solo es transitable en una pequeña y estrecha canoa a través del rio y se tarda casi una hora en atravesarla, provistos nada mas de un par de linternas. El pueblo es pequeño y repleto de gente encantadora.














A la salida de la cueva piscinón natural debajo de una gran pared donde, hemos sofocado el agobiante calor que sigue haciendo.







lunes, 31 de octubre de 2011

Bichos



Un par de días en Vang Vieng, lugar difícil de explicar. El pueblo en si no tiene nada, es lugar de reunión de jóvenes que vienen de Tailandia en busca de fiesta y música hasta las tantas de la mañana, y como actividades importantes, primero el Tubing, que consiste en alquilar una cámara de neumático de camión y tirarse rio abajo parando en un montón de bares dispersos por la orilla para ir tomando cervezas llegar de noche y borrachos, y segundo, sentarse en alguna terraza a ver capítulos encadenados de “Friends”, literal; cuanto menos, curioso.



Pero más que todo esto están sus alrededores, un montón de formaciones kársticas repletas de cuevas, pequeños ríos, campos de arroz y también algunas aldeas con gente realmente hospitalaria. Mientras recorríamos una pista entre las montañas en busca de algún sitio para comer hemos dado con un grupo amigas preparando su comida y nos han invitado, ninguna hablaba nada de inglés pero esto no es barrera cuando la gente está dispuesta a comunicarse. Después de comer hemos ido a pescar al rio con ellas y allí hemos pasado la tarde mientras los “falangs” (extranjeros en laosiano) seguían viendo friends tirados en las terrazas.












Después Vientiane, la capital de Laos, para tramitar el visado de Tailandia y seguir camino. Aquí hemos pasado tres días mientras arreglaban el papeleo, primero con Carla y Rai una pareja de catalanes que conocimos en Vang Vieng que van de viaje por cinco semanas ,

               


(Carla, ¿has visto como esta Bangkok?, te vas a mojar los pies fijo) con los que compartimos habitación en un apartamento chulísimo por el mismo precio que pagaríamos por dos habitaciones en muchos de los agujeros que aquí llaman Gh, y luego de nuevo con Marta y Koko, que les han tomado el relevo en la cama, que han tenido un problema con una llanta y han tenido que coger un bus para llegar hasta aquí para repararla. Así que hemos estado súper acompañados. Gracias chicos.
Vientiane, es una capital tranquila, como el resto del país, aqui también túnicas narajas recorren sus calles, hay prisa para casi nada, nadie pita, nadie corre, nadie discute. Hoy nos hemos comido un prohibido como una casa con la moto, y unos policías sentados a la sombra de un árbol nos han pillado, silbato y movimientos lentos con la mano para que nos acerquemos, 50,000 kips de multa, (5 pavos), pero claro ellos no discuten pero nosotros somos de otra sangre, y aún sabiendo que la multa era correcta, 5 pavos son 5 pavos, y después de 10 min de explicaciones  y excusas, parece que hartos de oírnos, el mismo movimiento de mano lento para que nos vayamos y dejemos de romper su “paz laosiana”, esa que tanto nos gusta.



                 


                   

Hace calor, mucho calor, y cualquier sombra es buena para echar una siestecita, hasta los budas están mejor descansado.





Estos días había una feria cerca de Pha That Luang, el símbolo nacional del país, donde hemos podido comer pequeños alimentos que hasta ahora no habíamos visto por aquí. No están malos, solo hay que quitar bien las patas y “pa” dentro. Koko se ha comido el mejor, una cucaracha en toda regla, y no nos ha dejado ni probarla, esta no se olvida.










sábado, 22 de octubre de 2011

Río naranja



A partir de las 5 de la mañana salen de sus Wats (templos) en procesión más de 500 monjes dispuestos a recorrer las calles de Luang Praban en busca de su ración diaria de limosna en forma de arroz, frutas y otros comestibles.
La gente los espera a las puertas de sus casas con grandes cantidades de arroz sticky y lo van repartiendo puñado a puñado de forma muy ordenada, y después de dar la limosna siempre rezan unas plegarias.
Ataviados con sus túnicas naranjas, van dando color a la ciudad a medida que la noche va dando paso al día. Este ritual se repite diariamente y supone la base de la alimentación de los monjes ya que viven principalmente de las limosnas.








Luan Prabran, también llamada la Perla de Asia, bañada por el río Mekong y con amplio legado francés traducido en casas coloniales, baguetes y puestos de crepes repartidos por todas las esquinas, un montón de tiendas y restaurantes de cocina francesa, y con al menos una veintena de wats, donde se concentra la mayoría del turismo que visita Laos. Con un par de días hemos tenido suficiente, demasiado turístico.

               

               

Hasta aquí hemos llegado después de un trayecto de seis horas en un pequeño bote, nada cómodo por cierto, pero con unas vistas y unos paisajes de impresión.









Primero por el rio Nam Ou y luego por el Mekong, donde hemos conocido a Marta y Kookoo, dos navarros muy majetes que se han venido a Asia con sus bicis para recorrerla, empezando por Vietnam y terminando sabe dios por dónde, y con un objetivo, la ruta de la seda, atravesando todos los países acabados en “ istán”. Con ellos hemos pasado estos días y disfrutado de agradables cenas con platos hasta reventar en el “Night market”, así que chicos a seguir “rodando mundo” que seguro que nos vemos.