Esta gente está dotada de un don, la paciencia. No dejan de sorprendernos. Cosas que en Europa serian impensables aquí son de lo más normal, nadie alza la voz, ni monta un pollo por nada.
Cogimos un bus nocturno (que no sleeping bus), dirección de nuevo al norte desde Vientiane, para cruzar la frontera con Tailandia por un nuevo paso abierto a los extranjeros en el 2008. El bus nos dejaría en Luang Prabang a eso de las 6 de la mañana, con tiempo suficiente para coger el bote de las 9 que remontaría el Mekong a lo largo de 7 horas hasta una pequeña aldea llamada Tasuang y de ahí en tuck tuck a Hongsa nuestra última parada en Laos. A eso de las 1 de la mañana reventón de rueda, mas de una hora en cambiarla y un poco más adelante el bus se para. Nadie explica nada y nadie pregunta. La mayoría continúan durmiendo y nosotros también. Amanece a eso de las 5:30 y ahí seguimos parados, nadie explica y nadie pregunta. A las 6 alguien pregunta (nosotros) y alguien responde pero solo porque le preguntamos. Estamos esperando otro autobús desde Vientiane porque este se ha jodido, nadie pregunta, nadie protesta, solo esperan.
A las 7 continuamos camino en el “nuevo” bus, el ánimo de la gente es el mismo que la noche anterior cuando nos montamos, nadie está enfadado, nadie protesta, nadie dice nada, y a eso de las 4 pm llegamos a Luang Prabang con 10 horas de retraso. Nadie reclama, nadie pide explicaciones, tampoco nadie las iba a dar, solo se bajan del bus y cada uno a lo suyo. Total, que perdemos el bote, y estamos obligados a pasar una noche en Luang Prabang, pero como estamos contagiados por esta “mierda” de Paz Laosiana nos parece hasta bien y casi hasta le damos las gracias al del autobús. Otra cena en el night market, ese de los platos hasta reventar, en una ciudad que ahora nos parece más atractiva que la primera vez que estuvimos.
Al día siguiente cogemos el bote y tras nueve horas y no 7 como ponía en la taquilla (de verdad parece que aquí el tiempo no importa) y otro par de horas en el tuck tuck, llegamos a Hongsa con la noche ya encima.
Hemos caído en una Gh simpática, de una alemana, Monika de 60 años que se ha venido para acá y ha montado la única Gh para mochileros en el pueblo. Aquí preparan la cena los huéspedes, platos típicos de sus países, hoy de cena de primero plato alemán, de segundo plato español y de postre plato austriaco, así que nos ha tocado currarnos un poquito una de esas tortillas de patata, y ya llevamos unas cuantas.
Hemos pasado un par de días, en este tranquilo lugar apurando la fecha del visado.
Desde aquí a Tailandia; otro país, otra moneda, otros precios, otro lenguaje, con el gusanillo de atravesar otra frontera. Nos despedimos del país de los elefantes, aunque en realidad nosotros no hemos visto ninguno, bueno alguno sí, pero a lo mejor no cuenta.






















