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lunes, 10 de octubre de 2011

Arroz entre arrozales


Reencuentro con Leire y Criss. Cena para celebrarlo e intercambio de batallas en el que vuelve a ganar Criss de calle. Con un presupuesto de 300 euros al mes y levantando el dedo se va a recorrer toda Asia y volverá a casa por la ruta de la seda. Le ha mandado un mail a su jefe, y como no le ha contestado, no vuelve.
Su siguiente destino  también Laos, así que igual no encontraremos de nuevo.


A la mañana siguiente salimos de Kunming hacia Yuanyang. Población perdida en las montañas en el sur de la provincia de Yunan, donde viven minorías étnicas, principalmente Hani y Yi, y todas las mujeres van ataviadas con sus trajes típicos.





Yuanyang es famoso por sus terrazas de arroz. Los Hani han ido moldeando sus laderas, montañas enteras, a lo largo de centenares de años, para adecuarlas a este cultivo, creando un espectáculo visual de colores y reflejos.
El gobierno chino, parece que ha visto el potencial turístico de la zona, y está empezando a meterle mano. Ya se pueden ver carteles donde se anuncian grandes proyecto hoteleros, como la construcción de una nueva carretera. Así que posiblemente en un par de años este será también otro de esos puntos de reunión de las manadas de turistas chinos, por una vez nos hemos adelantado.





La mejor época para visitarlo es sin duda, diciembre, cuando las terrazas están llenas de agua y los reflejos del sol al anochecer  las tiñen de distintos colores. No hemos podido esperar a diciembre pero octubre tampoco está mal.
Ahora los arrozales están que hierven de actividad, es época de recolección, y los verdes, ocres y anaranjados son los colores predominantes.
Durante el paseo por las terrazas hemos coincidido con familias enteras manos a la obra. Las mujeres son las encargadas de ir cortando los tallos e ir haciendo los manojos, los hombres de batearlos  para extraer el grano y los bueyes de agua listos para transportarlo.













También hemos visto zonas donde la recolección está terminada, el grano recogido y totalmente llenas de agua donde el cielo se refleja, así que nos hemos podido hacer una idea del espectáculo que se avecina dentro de un par de meses.




Nos han invitado a comer. Hemos pasado al lado de una familia mientras descansaba para almorzar, el “Nihao” de rigor y prácticamente nos han obligado a sentarnos con ellos y compartir su arroz y un riquísimo guiso de pescado. Qué bien sabe el arroz entre arrozales!


Por cierto, felicidades a los que cumplen hoy años.!!!!!

domingo, 9 de octubre de 2011

Otra vez en China


Otra vez en China. Sensación agridulce (como el cerdo). Atrás dejamos a Bart y Cintia, con los que hemos compartido más o menos 25 días entre el Tíbet y Nepal, y lo hemos pasado realmente bien. Se quedan en Nepal un poco más para luego tomar rumbo a Indonesia donde estarán un par de meses,  y luego continuar hasta Australia donde piensan asentarse, buscar curro y tal vez hacer nido. Quizás nos veamos de nuevo en Indonesia, ojala!.
Reencuentro con un país que ya conocemos y que utilizaremos esta vez de paso, camino a Laos visitando algunas cosillas de camino.
Reencuentro otra vez con ese estupendísimo desayuno chino, porras (como las nuestras), momos, gachas de arroz y leche de soja, por tan solo 12 yuanes los dos (1,20 €)


                

También con los baños chinos, no sé si hemos hablado de ellos. De esos en los que todo se comparte, en los que no existen puertas y tan solo hay un pequeño murete hasta la altura de las rodillas que separa espacios, en los que la cogestión china se hace patente. Para qué más detalles.
Otra vez este sonido, vamos a intentar describirlo:
AAAAGGGGGGGgggggrrrrrrrrrruuuuuuuuupp, que cuando lo escuchas, lo mejor es quedarse quieto hasta que pase el peligro.
Llegamos a Kunming y esa misma noche tren nocturno a Dali, otro de esos típicos pueblos chinos amurallados y con grandes puertas en sus extremos. la verdad es que después de ver Pingyao y Ping le, este parece más bien soso, si no fuera por su enclave, situado entre montañas de más de 4.000 m y un enorme lago, siendo uno de los destinos turísticos mas importantes de China. Parece un escaparate, un pueblo que duerme hasta las 9, y despierta para recibir, otra vez, a manadas de turistas, que precisamente esta semana de octubre están de vacaciones en toda China, (vaya suerte la nuestra) y que vuelve a dormir cuando dan las diez y todo y todos desaparecen de sus calles, un pueblo con poca vida y reinventado para el turismo.
Nos pensábamos quedar dos o tres días pero visto lo visto, y con una buena excusa, al día siguiente cogemos un bus y nos volvemos a Kunming.
Ayer recibimos un mail de Leire y Criss (las chicas de la muralla), Leire esta en Kunming y Criss llega mañana, después de casi mes y medio nos volvemos a encontrar, aunque solo sea para compartir una cena. Estamos a tan solo 5 horas de bus, como un Madrid – Sevilla. En España no se te ocurriría cogerte un bus tan largo solo para compartir una cena, pero aquí es distinto, 5 horas en un país donde las distancias son enormes no son tantas y siempre se agradece ver caras conocidas. Leire al día siguiente coge un vuelo con destino Yakarta, en Indonesia. Qué tendrán esas islas que todo el mundo va para allá!



martes, 20 de septiembre de 2011

La Carretera de la Amistad


        

Solo el nombre te invita a recorrerla. Un trayecto que une Lhasa con Kathmandú por una carretera que pasa por varios puertos de montaña de más de 5.000m. Recorre fértiles valles de altura, atraviesa remotos pueblos tibetanos, donde la presencia de población china es inexistente, lagos de un increíble azul turquesa. Una carretera que atraviesa la cordillera del Himalaya para descolgarse en su última parte hacia el subcontinente indio. Paisajes espectaculares donde se pueden ver unas 5 montañas de más de 8.000 m y por supuesto el techo del mundo el Qomolangma, el Everest.


Salimos de Lhasa pronto. Hemos pasado tres días a más 3.600 m y hemos aclimatado bien. Esto en realidad es importante ya que vamos a dormir a unos 5000 m y una mala aclimatación puede fastidiarte el viaje. La carretera es buena, muy buena, mejor de lo que nos esperábamos. Se termino de asfaltar hace cuatro años y lo que antes se hacía en diez días ahora se hace en tres. Los chinos han metido mano a esta carretera y han hecho un gran trabajo. Vamos ganando altura progresivamente hasta pasar el primer puerto a 4.700m  y detrás el primer regalo el lago Yamdrok: “preciosisisimo”, azul, azul, muy azul; es uno de los lagos sagrados más importantes del budismo y los tibetanos lo veneran con multitud de banderas de oración en sus orillas.


Atravesamos las primeras poblaciones, todavía se nota la mano china, el paisaje es espectacular, las montañas que nos rodean van ganando altura y tras pasar otro puerto de 5.000 m el glaciar Karola, colgado de su montaña de más de 7.000m. Impresionante. Por estos lares los rasgos de la gente son más duros, las condiciones del tiempo hacen mella y la forma de vida no es fácil.

                      


Dormimos en Shigatse, la segunda “ciudad” más importante del Tíbet, 4.000 habitantes, nada que ver con las mega ciudades chinas, aunque hasta aquí también ha llegado la subvención china para poblar el oeste.
El día siguiente promete, empezaremos a ver montañas de 8.000m y por supuesto el Everest. A eso de las 9 ya estamos en la puerta del monasterio de Tashilunpo. Esta vez no entramos y nos unimos al kora. De los más bonitos. Transcurre por una montaña rodeando el monasterio.







Mientras, Dawa, nuestro guía, va a tramitar los permisos de entrada al Campo Base del Everest, donde dormiremos por la noche.
En realidad el permiso de entrada al Tíbet no es una broma, sin él no te puedes alojar en ningún hotel y a lo largo de la ruta tienes que enseñarlo en varios controles.
Estos trámites nos han hecho perder toda la mañana y van a trastocar un poco los planes. De Shigatse salimos tarde, casi a las tres y tenemos 7 horas de camino lo que nos hará llegar de noche. Los paisajes siguen siendo increíbles, hoy cruzamos  el puerto más alto, 5.248 m donde en realidad falta el aire y las vistas son magníficas.







Seguimos camino, una fuerte tormenta hace que nos retrasemos un poco más. Dejamos la carretera principal y nos metemos por una pista que nos llevara hasta el Campo Base del Everest, pero antes tendremos que recorrer más de 100 km y atravesar otro puerto de más 5000 m. Desde lo alto del puerto podremos ver  la cordillera del Himalaya con sus montañas más importantes. Comenzamos a subir el puerto, son más de 20 km, y la luz se va acabando. Cuando llegamos arriba es casi de noche. La decepción es grande. Un mar de nueves tapa los picos, tan solo el Cho Oyu con sus 8.201 m, deja que los últimos rayos de sol bañen su cima, del Everest ni rastro.


Apuramos las últimas luces del día en el mirador y emprendemos la bajada. Es noche cerrada y nos estamos perdiendo posiblemente los paisajes más impresionantes. Cambiamos planes y en la primera pequeña población que encontramos nos quedamos. Alojamiento básico, muy básico, cena básica también, pero muy rica y los baños más básicos aún, pero limpios. De estos sitios con encanto. Mañana madrugaremos más para llegar pronto al Campo Base.






A las 7 ya estamos andando, la mañana es fría y encapotada, estamos casi a 5.000m y nos quedan unos 40 km para llegar al E.B.C. Según vamos avanzando el cielo va abriendo y ya llegando, al girar una curva cerrada, la suerte decide  darnos todo lo que nos quito ayer.
El Everest, despejado, no hay nubes, la vista es increíble 8.844 m de montaña, y según nos vamos acercando parece mas y mas grande. ¿Cuántas fotos? ¿Cien mil? Más o menos y desde el campamento otras tantas, con la sonrisa en el rostro y con cara de tontos pasamos más de dos horas andando un poco por la zona sin poder dejar de mirar al “techo del mundo”. Espectacular, magnifico, impresionante…. cualquier adjetivo se queda corto para describir lo que estábamos viendo.











Con la sonrisa puesta nos despedimos del gigante y continuamos camino, todo lo que viene, sin ser poco, se queda en nada visto lo anterior.
Cruzamos un pueblo realmente tibetano, sin rastro de chinos por ninguna parte y es que esto está demasiado lejos de cualquier parte para que vengan a ocuparlo.
Cruzamos el último gran puerto de montaña de más 5.000 m y la carretera se desploma por un profundo barranco hasta el pueblo de Zhangmou a 2.300m, nuestra última parada en China, al menos de momento. El paisaje cambia radicalmente según vamos bajando, pasamos de la gran estepa tibetana sin apenas vegetación, a una zona de barrancos donde el agua corre a raudales y el verde es el color predominante.
Si tuviéramos que dar nota a las carreteras chinas, sería un diez, pero para la Carretera de la Amistad se le queda corta, mejor un 20.







lunes, 19 de septiembre de 2011

Donde la tierra se mueve


(Esta entada va fuera de sitio pero la actualidad manda)



Una de Ma Po Tofu, otra de cerdo con tiras de pimiento verde y una más de Kombao chiken, con un montón de arroz y un par de Lhasa Beer para celebrar nuestra última comida en china, acompañados de Cinthia y Bart, en el pueblo de Zhangmu justo en la frontera china con Nepal.
Zhangmu está situado en la ladera de una montaña, colgado en un profundo barranco rodeado de exuberante vegetación, donde el agua mana por todas parte y se precipita en dirección al fondo en un sin fin de cascadas.




Son las ocho y media, y la Lhasa Beer se mueve, se mueve, se mueve, no es el tren de las 9, por aquí es imposible que pase ningún tren. Se mueven los platas, la mesa, las luces y empieza el desconcierto, “todos pa fuera”. Se mueve el suelo, los coches  y también las pocas farolas que hay. De repente todo se para, han sido 15 segundos, quizás 20, poco más. Daños? Aparentemente  ninguno, un montón de gente en la calle y dentro del restaurante la cerveza sigue en pie. Seguro que en la India, en Tíbet y en Nepal lo han pasado peor.
Estamos bien, gracias

De Kora por Lhasa

En lo alto del palacio de Potala, sede del antiguo gobierno tibetano y lugar de entierro de los últimos 8 Dalai Lamas, ondea la bandera china en una clara muestra de desafío al pueblo tibetano, respaldada por una gran cantidad de policía y ejército, como no hemos visto en todos estos días en China, postrado en cada una de las esquinas del barrio tibetano y armado hasta los dientes con fusiles de asalto, cascos, escudos y protecciones de todo tipo, desfilando en sentido contrario al “Kora” (recorrido que se realiza alrededor de los lugares sagrados del budismo) en una clara posición intimidatoria, obligando a los peregrinos, que caminan a cientos, a retirarse a su paso, como si estos, armados con sus collares de cuentas y sus molinillos de oración, fueran a atacarles en cualquier momento.






La verdad es que a la llegada a Lhasa esto choca bastante, pero después de tres día aquí, y viendo la indiferencia que los tibetanos demuestran ante esta pavoneo del ejército chino, se convierte en parte de la rutina diaria de esta ciudad.
Esta rutina principalmente se basa en la realización diaria de los koras, tres en concreto:
- El primero recorre las calles aledañas al templo sagrado de Jokhang. Es el más concurrido y quizás el más vistoso para el extranjero. Transcurre por el centro de la ciudad vieja, por sus estrechas calles plagadas de puestos callejeros en los que venden todo tipo de recuerdos tibetanos así como artículos de rezo, y por el cual te ves obligado a pasar para ir a cualquier parte de la zona vieja. Una vez dentro del Kora te ves arrastrado como si se tratase de una marea, invitándote de alguna manera a formar parte del rito, acompañados de ciento de tibetanos, algunos locales de Lhasa y otros muchos venidos de todas partes vestidos con sus típicos trajes que los diferencian, haciendo girar sus molinillos al compás de sus oraciones, hasta encontrar el desvío apropiado y salir de la corriente. Toda persona que viene a Lhasa, inevitablemente forma parte de esta kora, incluidos nosotros.


- El segundo, recorre el perímetro del Palacio de Potala, lugar también sagrado. El Palacio, encaramado en lo alto de un cerro, preside la ciudad, con sus 13 pisos de altura y más de 1.000 habitaciones, la mayoría pequeñas capillas interiores y otras pocas habitaciones y lugares de recepción de los Dalai Lamas en su estancia en este palacio de invierno. Sagrado también porque se encuentran las tumbas de los Dalai lamas. La más impresionante de todas es la del 5º Dalai, enterrado en una estupa de oro puro, de más de 15 m de altura y unos 3.700 kg de peso, donado por todo el pueblo tibetano para honrar su memoria.


-El tercero, circunvala toda la antigua ciudad sagrada de Lhasa en un recorrido de más 12 km.
Los tibetanos realizan los tres a diario en un recorrido que les lleva más de 5 horas, gente de todas las edades, mayores muy mayores y niños muy niños, que según ellos dicen les ayudan a limpiar la mente y a mantenerse en forma. Unos los realizan simplemente andando y otros cada tres pasos hacen un rezo y se postran en el suelo, para cumplir así alguna promesa.

                   

La transformación de la ciudad desde la invasión china es clara  y estos hacen todo lo posible para que así sea, como se puede apreciar si uno se da una vuelta por las inmediaciones del Palacio de Potala, con su nuevo “Departament Store” con sus letras bien grandes en chino y sus luces de neón.
Lhasa se divide básicamente en dos partes, el barrio tibetano, lo que era la ciudad antigua y donde se concentra la mayoría de la población tibetana y que aún conserva ese ambiente de antaño, con ese olor característico a leche agria de yak a la entrada de sus templos, con un casco viejo muy bien conservado que te hace transportarte a otra época, y la extensa ciudad china, esta vez sin grandes rascacielos (cosa que se agradece) con ese aire de consumismo chino, donde viven casi 300.000 chinos venidos de todas partes y subvencionados por el gobierno para hacer del pueblo tibetano casi una minoría en su propia tierra.
Desprovistos de bandera, declarada ilegal, prohibida toda veneración a su actual líder religioso el 14º Dalai lama y con el ejercito en sus calles, los tibetanos intentan mantener sus costumbres luchando en la sombra contra la opresión china.