Travesía a Koh Tarutao, última parada en Tailandia, perteneciente al Parque Natural Marino del mismo nombre, y último territorio tailandés antes de cruzar definitivamente a Malasia. La isla es un paraíso natural, repleta de vida salvaje, monos, serpientes, lagartos de más de un metro, aves de todo tipo, y en el mar, arrecifes coralinos con tortugas, exóticos peces, algún cocodrilo y también pequeños tiburones se bañan en estas aguas.
Playas de finísima arena blanca como el polvo y una inaccesible jungla que recorre la isla de norte a sur.
Con tan solo un par de zonas donde alojarse gestionadas directamente por el gobierno. Un par de días pedaleando por aquí y con los monos saltando encima del tejado de nuestra choza.
De vuelta a tierra firme. Parada breve en Hat Yai, ciudad fronteriza, para cambio de transporte y directos a la frontera. Otra más.
Dejamos atrás Tailandia, que nos ha gustado más de lo que esperábamos en un principio. Con muchas cosas que se han quedado en el tintero, pero siempre habrá tiempo de volver.
Seguro que echaremos de menos una cosa, la cara del omnipresente Rey de Tailandia, Bhumibol Adulyadej, hasta en la sopa. Lo hemos visto en peluquerías, mercados, restaurantes, casas, hoteles, lugares de apuestas, oficinas, en pancartas por la calle, tiendas de ropa, en todas las carreteras, gente con camisetas pidiendo “larga vida al Rey”, cafeterías, en cualquier sitio que pueda colgarse una foto o un calendario de cuando el rey era monje, montaba a caballo, paseaba con su familia, vestido con el uniforme oficial, aprendiendo a disparar, etc, etc, etc.. y es que aquí el Rey es más que una religión. Prohibido hablar mal del rey y pisar billetes con su cara, todo ello bajo pena de prisión, y no es broma, asi que si vienes a Tailandia fíjate por donde andas.




















































