Llegamos a Kazan, mezcla de culturas.
Lo primero que observamos nada mas bajar del tren es la mezcla de culturas que hay, musulmanes, ortodoxos y católicos, los rasgos son distintos a los típicos rasgos rusos de tez blanca, y sólo estamos a 500 km de Moscú.
Nuestro viaje, primer contacto con el tren, ha sido un tanto curioso. Al principio un tanto de espectación, el vagón va lleno y nosotros los únicos turistas, la gente nos mira con un poco de curiosidad, pero pasadas unas horas la conversación empieza a fluir un poco en ruso y poquito en inglés gracias a una joven que sabe algunas palabras de inglés y ayuda a entendernos.
Viajamos en "plaztkart". El "platskart" son vagones con 4 camas por compartimento, sin puertas y con literas en los pasillos en el que la comunicación con la gente se hace inevitable. Tras 14 horas de viaje nos despedimos de ellos llamándonos por nuestros nombres, curioso el vinculo que se crea en tan poco tiempo.
Kazan posee unos de los kremblims mas bonitos de toda Rusia , declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en el año 2000.
Marina y Aidan nos reciben en su casa (gran casa, por cierto) en la que coincidimos también con dos finlandeses, Tiina y Antti que también van a hacer el Transmongoliano, pero con paradas diferentes.
Aidan, es escoces y magnifico cocinero, que nos deleita este par de noches con sus dotes culinarias, y como buen escoces le encanta la "birra" y que le acompañen tomándola, con lo que ello conlleva. No se cuántas veces bajamos al kiosco a reponer existencias.
Esta noche a las 4:30 cogeremos nuestro siguiente tren destino Krasnoyarsk, cruzaremos los Montes Urales, la frontera geográfica entre Europa y Asia, 50 horas de tren y cuatro usos horarios distintos.