jueves, 13 de octubre de 2011

Sonrisas por aviones

Dos días de maratonianas jornadas de autobús de más de 12 horas cada uno, subiendo y bajando, curvas, curvas y mas curvas, de esas carreteras  que marean, descendiendo de las montañas y metiéndonos de lleno en zona tropical. Cada vez la vegetación es más espesa y el bochorno más intenso.
Salimos del impresionante puesto fronterizo chino y nos metemos en la humilde frontera del lado laosiano. De golpe se bajan tres marchas, de sexta que van los chinos a, como mucho, tercera. Aquí no hay prisa por nada y menos por tramitarte el visado, el “mestas estresaaaaaaaaaaaannndooo” también pega bien por estas tierras.
Dicen que si el vietnamita planta arroz, el camboyano lo ve crecer y el laosiano lo escucha.
Laos, famoso porque por aquí vino a esconderse Roldán, ¿y qué mas? Antes de entrar casi nada, pero ahora un poquito.
País comunista, amigo de China, la que toma de aquí casi todo lo que necesita a cambio de carreteras y estadios, con grandes extensiones forestales, uno de los 20 países mas pobres del mundo, el 80% de la población vive en aldeas rurales y se dedica a la agricultura. El río Mekong atraviesa el país de norte a sur y hace de frontera natural con Tailandia (pequeñas pinceladas).
Lo primero que llama la atención, su “arquitectura”. Pueblos enteros compuestos de cabañas, con tejados a veces de chapa y a veces de paja, sustentadas por pilares de madera, para así evitar las inundaciones y las crecidas de los ríos, y todo esto al lado de la carretera, si te adentras mas es todo mucho más básico.


Y después los niños, niños, muchos niños.



Sin apenas respiro llegamos a Luang Nam Tha, ciudad que en España no pasaría de un simple pueblo, pero con aeropuerto y todo. A la mañana siguiente nos vamos de trek por el parque de Nam Tha, en busca de pequeñas aldeas con población de la minoría Hmong, bastante aisladas, a más de siete horas de pateo desde la carretera, atravesando  espesas zonas de vegetación y cruzando varias montañas. La caminata con el bochornazo se hace dura, casi más que en Nepal.
De camino, comida acorde con el entorno.



Esa noche la pasamos en casa de una de las familias, en el alojamiento más básico que posiblemente hayamos estado nunca. Técnicas de caza, instrumentos locales y algo de información sobre su cultura.













Hoy nos hemos alquilado una moto para recorrer carreteras y caminos secundarios. En una parada para tomar una “Mirinda” (que por aquí todavía las hay) nos han invitado a sentarnos un grupo de amigos cincuentones que estaban de celebración y a comer de un plato con algo parecido a morcilla y panceta,  pero antes, eso sí, nos han explicado que era “““ guau, guau”””””””, así que allí estábamos nosotros brindando antes de cada trago y tomando morcillas de perro, mientras al lado nuestro descansaba su próxima cena.









Hemos visitado algunas aldeas, en todas bien recibidos, sobre todo por sus niños, que se acercan curiosos a ver a los extranjeros, que hacen de escoltas en el paseo y que te regalan un montón de sonrisas a cambio tan solo de algún avión de papel.








lunes, 10 de octubre de 2011

Arroz entre arrozales


Reencuentro con Leire y Criss. Cena para celebrarlo e intercambio de batallas en el que vuelve a ganar Criss de calle. Con un presupuesto de 300 euros al mes y levantando el dedo se va a recorrer toda Asia y volverá a casa por la ruta de la seda. Le ha mandado un mail a su jefe, y como no le ha contestado, no vuelve.
Su siguiente destino  también Laos, así que igual no encontraremos de nuevo.


A la mañana siguiente salimos de Kunming hacia Yuanyang. Población perdida en las montañas en el sur de la provincia de Yunan, donde viven minorías étnicas, principalmente Hani y Yi, y todas las mujeres van ataviadas con sus trajes típicos.





Yuanyang es famoso por sus terrazas de arroz. Los Hani han ido moldeando sus laderas, montañas enteras, a lo largo de centenares de años, para adecuarlas a este cultivo, creando un espectáculo visual de colores y reflejos.
El gobierno chino, parece que ha visto el potencial turístico de la zona, y está empezando a meterle mano. Ya se pueden ver carteles donde se anuncian grandes proyecto hoteleros, como la construcción de una nueva carretera. Así que posiblemente en un par de años este será también otro de esos puntos de reunión de las manadas de turistas chinos, por una vez nos hemos adelantado.





La mejor época para visitarlo es sin duda, diciembre, cuando las terrazas están llenas de agua y los reflejos del sol al anochecer  las tiñen de distintos colores. No hemos podido esperar a diciembre pero octubre tampoco está mal.
Ahora los arrozales están que hierven de actividad, es época de recolección, y los verdes, ocres y anaranjados son los colores predominantes.
Durante el paseo por las terrazas hemos coincidido con familias enteras manos a la obra. Las mujeres son las encargadas de ir cortando los tallos e ir haciendo los manojos, los hombres de batearlos  para extraer el grano y los bueyes de agua listos para transportarlo.













También hemos visto zonas donde la recolección está terminada, el grano recogido y totalmente llenas de agua donde el cielo se refleja, así que nos hemos podido hacer una idea del espectáculo que se avecina dentro de un par de meses.




Nos han invitado a comer. Hemos pasado al lado de una familia mientras descansaba para almorzar, el “Nihao” de rigor y prácticamente nos han obligado a sentarnos con ellos y compartir su arroz y un riquísimo guiso de pescado. Qué bien sabe el arroz entre arrozales!


Por cierto, felicidades a los que cumplen hoy años.!!!!!

domingo, 9 de octubre de 2011

Otra vez en China


Otra vez en China. Sensación agridulce (como el cerdo). Atrás dejamos a Bart y Cintia, con los que hemos compartido más o menos 25 días entre el Tíbet y Nepal, y lo hemos pasado realmente bien. Se quedan en Nepal un poco más para luego tomar rumbo a Indonesia donde estarán un par de meses,  y luego continuar hasta Australia donde piensan asentarse, buscar curro y tal vez hacer nido. Quizás nos veamos de nuevo en Indonesia, ojala!.
Reencuentro con un país que ya conocemos y que utilizaremos esta vez de paso, camino a Laos visitando algunas cosillas de camino.
Reencuentro otra vez con ese estupendísimo desayuno chino, porras (como las nuestras), momos, gachas de arroz y leche de soja, por tan solo 12 yuanes los dos (1,20 €)


                

También con los baños chinos, no sé si hemos hablado de ellos. De esos en los que todo se comparte, en los que no existen puertas y tan solo hay un pequeño murete hasta la altura de las rodillas que separa espacios, en los que la cogestión china se hace patente. Para qué más detalles.
Otra vez este sonido, vamos a intentar describirlo:
AAAAGGGGGGGgggggrrrrrrrrrruuuuuuuuupp, que cuando lo escuchas, lo mejor es quedarse quieto hasta que pase el peligro.
Llegamos a Kunming y esa misma noche tren nocturno a Dali, otro de esos típicos pueblos chinos amurallados y con grandes puertas en sus extremos. la verdad es que después de ver Pingyao y Ping le, este parece más bien soso, si no fuera por su enclave, situado entre montañas de más de 4.000 m y un enorme lago, siendo uno de los destinos turísticos mas importantes de China. Parece un escaparate, un pueblo que duerme hasta las 9, y despierta para recibir, otra vez, a manadas de turistas, que precisamente esta semana de octubre están de vacaciones en toda China, (vaya suerte la nuestra) y que vuelve a dormir cuando dan las diez y todo y todos desaparecen de sus calles, un pueblo con poca vida y reinventado para el turismo.
Nos pensábamos quedar dos o tres días pero visto lo visto, y con una buena excusa, al día siguiente cogemos un bus y nos volvemos a Kunming.
Ayer recibimos un mail de Leire y Criss (las chicas de la muralla), Leire esta en Kunming y Criss llega mañana, después de casi mes y medio nos volvemos a encontrar, aunque solo sea para compartir una cena. Estamos a tan solo 5 horas de bus, como un Madrid – Sevilla. En España no se te ocurriría cogerte un bus tan largo solo para compartir una cena, pero aquí es distinto, 5 horas en un país donde las distancias son enormes no son tantas y siempre se agradece ver caras conocidas. Leire al día siguiente coge un vuelo con destino Yakarta, en Indonesia. Qué tendrán esas islas que todo el mundo va para allá!



lunes, 3 de octubre de 2011

Thamel, el gueto del viajero.


Antes o después todo el mundo que viene a kathmandú pasa por Thamel, donde hay de todo y todo se puede conseguir.
Nada más cruzar una calle todo se transforma sin perder la esencia de lo nepalí: los mercados callejeros, puestos de frutas y “samozas” dan paso a un montón de restaurantes de comida occidental, tiendas de montaña de calidad nepalí, cyber, supermercados, gh, lavanderías, agencias de viajes y de trek, cajeros automáticos, pubs con música en directo y de todo lo que uno pueda imaginar, donde hay que regatear por todo. Por aquí las calles están igual de destrozadas y los coches y las motos siguen pitando. Son solo media docena de calles que constituyen todo un gueto. Cómo ha cambiado lo que en los setenta sólo era un pequeño lugar para hippies atrevidos.


Después de un trek en el país de la montaña todo el mundo viene a Thamel para celebrarlo en uno de sus bares con una Everest beer, que por cierto aquí son mucho más caras que en China, y pegarse la última fiesta, que muchas veces se va de las manos, como si aquí el extranjero tuviera licencia para todo.


Hachís, hachís, hachís , marihuana, polen, smoke, hachís, smoke, smoke, smoke, mas de 30 veces en menos de doscientos metros, eso es que tiene que haber demanda.
Mañana volvemos al sur de China. Aterrizaremos en Kunming para pasar por los alrededores otros diez días, y luego cruzar otra frontera más, esta vez la de Laos. Después de pasar cuatros días mas en kathmandú como en casa, en una ciudad que ya conocemos bastante bien, la sensación es de dar un paso atrás en el camino, para coger carrerilla y tomar impulso hacia el sureste asiático, ahora que se cumple casi el ecuador de nuestro viaje.

sábado, 1 de octubre de 2011

Langtang Valley

Para hacer un trek en Nepal los meses buenos son sep-octu y abr-may, donde ya ha pasado el Monzón, los cielos son más claro y las montañas se pueden ver en todo su esplendor. Esta es la norma general, pero este año la cosa no es así, el Monzón se ha retrasado y nos ha dado con su último coletazo en toda la cara.
El valle de Langtang se sitúa al norte de kathmandú, a unos interminables 80 km, cerca de la frontera con China, con uno de los accesos más peligrosos  y que el Monzón se ha ocupado de que siga siendo así.
Al final se han apuntado Cintia y Bart y es que con la tontería vamos a hacer más de 20 días juntos.
El primer día nos lleva entero de camino, mas de 12 horas para esos 80 km. Autobús local hasta Ramche.


                  


 Desde aquí nos vemos obligados a andar un par de km porque la carretera está machacada. Cogemos un camión, otra media hora (un poco apretados). Otro par de km andando por una pista aún peor y otro autobús que nos deja a más de media hora de Siabrubesi, porque hay desprendimientos en la carretera y no puede pasar. Es noche cerrada y está lloviendo fuerte, así que con paso ligero y con los pies bien empapados después de   intentar cruzar un río que pasa por la carretera, llegamos al pueblo donde al día siguiente empezaremos el trek.






Amanece nublado, no llueve y empezamos pronto a andar. Hasta llegar a lo alto del valle son unos tres días, superando más de 2.500 m de desnivel. Pronto se estropea el tiempo y empieza a llover. El valle cerrado remonta el río Langtang por un espeso bosque que hace de paraguas y evita que nos mojemos demasiado. De vez en cuando el tiempo da alguna tregua y hace la ascensión más llevadera. Por el camino distintas “plantas aromáticas”  nos deleitan con sus olores.






Después de siete horas de pateo y mil metros de desnivel llegamos al lodge donde pasaremos la primera noche. Hoy se ha podido ver poco, las nubes bajas han cortado mucho la visión, y no hemos visto mucho más que el suelo para intentar no resbalar.






El segundo día de caminata en la tónica del primero, un poco mejor  a primera hora  y según va pasando el día el tiempo va empeorando mas y mas. Hoy Bart esta pachucho, ha comido algo en Siabrubesi que no le ha sentado bien y la ascensión se hace más lenta.



Aparecen las primeras sanguijuelas que nos acompañan chupando un poco de sangre hasta que nos damos cuenta, pero con un poco de sal problema resuelto.



Después de otros mil metros de desnivel remontando el rio, llegamos al pueblo de Langtang bajo una intensa lluvia. Langtang está enclavado en lo alto del valle rodeado de montañas de más de 6.000 m, que aún no hemos podido ver por el mal tiempo.
En todo el valle no hay acceso rodado, la única forma de que lleguen aquí víveres y utensilios es mediante porteadores que realizan el mismo camino cargados como mulas y que hacen que según se va ascendiendo todo sea más caro.






Cae la noche y llueve más y más.
Por la mañana es imposible ponerse en marcha, mucho viento, jarrea más que nunca y el camino es impracticable.
En el lodge de Langtang nos acompañan, aparte de Bart y Cintia, una pareja de franceses, otra de ingleses dos americanas, un belga y una australiana, con los que nos hemos ido encontrando a lo largo del camino en muchas ocasiones, y con los que pasamos este día de espera como podemos a la vera de la estufa de leña que la familia tiene en el comedor, esperando a que el tiempo mejore.



Según va pasando el día, van llegando porteadores empapados que traen noticias: por arriba un río se ha desbordado y ha arrasado un puente que salvaba el río y por abajo ha habido algunas avalanchas de tierra que han caído encima del camino, así que ahí estamos todos con los mapas en mano intentando buscar inútilmente algunas opciones para el día siguiente.




Con la noche ya encima empieza a parar de llover y se abren los primeros claros que dejan ver algunas estrellas. A ver cómo amanece mañana!
Amanece totalmente despejado. Después de la tempestad, la calma. A las 7 ya estamos en marcha. Comenzamos el camino todos juntos por el peligro de avalancha y cuantos más seamos más ayuda en caso de algún imprevisto. Las vistas son increíbles un montón de montañas de más de 7.000 m con sus glaciares y sus cimas completamente nevadas van apareciendo según vamos avanzando y salvando los 500 m de desnivel que nos quedan hasta Gompa, el destino final. Hoy tan solo andaremos tres horas, el camino no está tan mal y el nivel de los ríos ha bajado bastante y logramos cruzarlos sin demasiada dificultad. El ánimo es otro, con sol todo es distinto y ahora estamos disfrutando de verdad.









Llegamos pronto a Gompa, pequeña población en un valle de altura con montañas y glaciares realmente cerca. Difícil imaginar la vida en estos sitios en pleno invierno.
Día tranquilo, disfrutando del sol con un café en la terraza y algún corto paseo por los alrededores con todo el grupo.
Hemos hecho equipo con los acompañantes del trek y los que antes eran americanos, franceses, ingleses y belga, ahora son Janet y Eiline, Claire y Sylvain, kody y Hayley, y Kimm.
El tiempo nos ha robado un día en este paraje y mañana emprenderemos la bajada.









Al día siguiente amanece igual de bueno, parece que el tiempo está cambiando definitivamente y que el Monzón por fin ha pasado. Apuramos las últimas vistas de las montañas y emprendemos la bajada, mas de 1.600 m hasta donde dormimos la primera noche con la preocupación de cómo estará el camino.







Llegamos pronto, la senda está igual que nos la encontramos días atrás con algún pequeño desprendimiento si mucha importancia. La bajada ha sido muy pronunciada y las rodillas duelen un poco. Las vistas son nuevas y lo que los primeros días era nada más que suelo hoy se ha convertido en bonitas vistas del valle y un precioso bosque sombrío.
Desde abajo van llegando nuevos viajeros que informan del estado del camino y de la carretera, y las noticias no son buenas, el camino de vuelta no está bien y la carretera en su parte alta impracticable, pero si han llegado hasta aquí seguro que también podremos bajar.
Así que otra vez todos los mapas fuera y a volver a barajar opciones, que siguen siendo pocas ya que sólo hay una alternativa y esta supone volver a ascender casi 2.000m y tardar tres días mas de lo previsto en llegar a kathmandú.









A primera hora de la mañana las noticias vuelven a cambiar y los primeros porteadores que suben, cuentan que el camino está mejor, tres días sin llover han hecho que la tierra se asiente, pero habrá que bajar con ojo.
Hoy también hace bueno, y podremos ver esta parte que el primer día nos perdimos. Otros mil metros para abajo, también todos juntos. La gente más o menos ha ido cambiando sus planes para no separarnos y hacer piña. Nosotros también. Desestimamos  visitar una zona por no quedarnos solos y así también podremos llegar a kathmandú un día antes y poder secar ropa que tenemos completamente calada.
La bajada es lenta, con cuidado cruzamos las zonas de avalanchas que en realidad parecen bastante estables, y llegamos de nuevo a Siabrubesi también hoy pronto.



La carretera hasta aquí sigue cortada así que mañana tendremos que coger el bus a 45’ del pueblo en una dura subida.
A las 5:30 a.m. todo el mundo desayunando por que el bus sale a las 7. La caminata que era de 45’ no es tal, la carretera está aún peor y el autobús no ha podido llegar tan abajo,  y se han convertido en casi dos horas. Llegamos tarde a eso de las 8, pero ahí está el autobús cambiando una rueda destrozada por otra en un estado no mucho mejor, con el techo abarrotado de nepalís.






 Por delante  casi otras 12 h de viaje con la carretera en no sabemos qué estado. El trayecto hasta Dunche a tan solo 6 km es realmente peligroso, el autobús va hasta los topes y no para de recoger lugareños en todas las curvas. La carretera está realmente mal y no hay  muchas ganas de sufrir. En Dunche el bus hace una larga parada para arreglar la rueda y aquí en primera estancia nos separamos del grupo. Decidimos adelantarnos al bus y echamos a andar mochilas en mano, para intentar ir ganando terreno y pasar a pie las zonas más complicadas.



Después de dos horas andando, llegamos a la vez que el bus, que esta vez viene aún con más gente (hoy solo hay un autobús a kathmandú), a una zona de parada obligatoria, ya que por aquí es imposible que pase con gente en su interior. Nos reencontramos de nuevo con el grupo. Lo han pasado mal, momentos de pánico en los que más de una vez casi vuelcan y se han visto todos obligados a bajarse más de tres veces para pasar esas zonas. Así que ya estamos casi todos otra vez juntos. Tras pasar una zona destrozada de la carretera todos los nepalís vuelven al bus y los guiris seguimos a pata, tenemos muchas cosas importantes como para dejarlas tiradas en una cuneta en Nepal. Los ingleses más valientes o más inconscientes continúan viaje con el autobús, ya nos veremos en Kathmandú, o no.
Tres horas más andando nos llevan, por fin, hasta la zona donde los autobuses que vienen de Kathmandú se dan la vuelta por la imposibilidad de pasar. Son más de las tres y aún nos quedan más de 60 km unas 5 horas de viaje, buena media. El grupo se ha reducido hasta 7. Intentamos coger otro autobús pero estos nos piden más del triple del precio por un billete que ya habíamos pagado, así que por consenso y orgullo continuamos bajando intentando conseguir algún transporte hasta la ciudad. Pasada una media hora aparece el bus que cogimos a primera hora de la mañana, que vimos con anterioridad atascado en una zona realmente complicada. Parece imposible que haya logrado atravesarla, de hecho es el único vehículo que la ha pasado, así que ahora sí, con la carretera en perfecto estado nos subimos de nuevo a nuestro bus y a eso de las 8 estamos en kathmandú.
Ha sido un trek complicado, que nos ha dejado  buenos recuerdos y experiencias. Esa misma noche, hartos de comer tanta patata, pasta y chowmein en el trek, quedamos, lo que queda del equipo, para celebrarlo, con unas cervezas y una enorme "hamburger" en Thamel, el gueto del viajero.